No existen red flags en tu escritura (1)

No existen «red flags» en tu escritura

La inmediatez y la competencia por captar la atención en las redes sociales nos están llevando, sin que nos demos cuenta, hacia una literatura de producción en serie. Y, con ella, hacia una forma de hablar sobre la escritura que me inquieta. Me inquieta de verdad. 

Me refiero a los cientos de vídeos que circulan y que empiezan con frases como estas: «Si escribes así, lo estás haciendo mal», «Las cinco red flags de tu historia» o «No empieces así tu novela». Todos comparten ese tono urgente y categórico, diseñado para generar un poco de pánico y crear una necesidad. La necesidad de pedir ayuda porque, por tus propios medios, lo estás haciendo mal. ¿Pero es tan necesario demonizar el «error» y señalarlo como si fuera lo único importante?

Es cierto que existen mejores y peores prácticas en la escritura. El conocimiento y buen uso de las técnicas narrativas harán, sin duda, que una historia mejore sustancialmente. Todos (lectores, editores y escritores) agradecemos que una novela tenga buen gancho, personajes profundos y memorables, una trama que sostenga la tensión y un ritmo narrativo que fluya. Es importante estudiar y practicar el oficio; nadie dice lo contrario. Pero me preocupa la demonización y la tendencia a afirmar que solo hay una forma de «hacer bien las cosas». ¿No hay lugar para la libertad creativa y la voz propia?

En las escuelas de edición nos enseñan que la labor del editor consiste en analizar, identificar oportunidades de mejora, señalarlas y proponer alternativas. Pero hay una máxima que apunta a hacer devoluciones objetivas, empáticas y justificadas. Debemos ser respetuosos con el mundo creativo del autor. Además, la labor del editor es resaltar lo que funciona. ¿Por qué no aplicamos esa misma lógica cuando hablamos de escritura en general? 

Quienes habitamos el mundo de la narrativa sabemos que la palabra construye realidad. Y a un escritor al que le repiten que todo lo que hace está mal, muchas veces, deja de escribir. En el mejor de los casos, termina forzando su estilo para encajar en los estándares de «lo que está bien» que ha escuchado en las redes sociales. 

La sobreinformación tiene un efecto paradójico, porque en lugar de liberar al escritor y dotarlo de las herramientas necesarias para construir una buena historia, a veces lo paraliza y lo llena de reglas antes de que haya tenido tiempo de descubrir lo más interesante: su propia voz. 

Así que, queridos escritores, está bien estudiar narrativa y practicar el oficio. Pero escribid también con libertad. Si el principio necesita más fuerza, si hay personajes por desarrollar o si los cierres de capítulo pueden mejorarse y mantener la intriga en el lector, ya habrá tiempo para trabajarlo con un editor. Todo forma parte del proceso. Y ese proceso difícilmente cabe en una lista de red flags.


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