¿Te acuerdas de Hitch, experto en seducción? Se estrenó en 2005, aunque en España la bautizaron como Hitch, especialista en ligues. Me quedo con la primera opción, no porque a estas alturas me entusiasme citar una comedia romántica protagonizada por Will Smith, sino porque me va a ayudar a demostrarte una teoría.
Después de un desengaño amoroso, Hitch decide dedicar su vida a ayudar a otros hombres a conquistar a la mujer de sus sueños. Les enseña técnicas y métodos contrastados que inclinan la balanza a su favor: un acercamiento bien calculado tiene muchas más probabilidades de terminar en una historia de amor que uno librado al azar.
El problema es que esas técnicas, infalibles para todos sus clientes, se desmoronan cuando intenta usarlas con la mujer que de verdad le importa. ¿Y qué vínculo tiene esto con la escritura?
La seducción en la escritura
Dicen Stephen King y muchos otros teóricos de la literatura que escribir es seducir. Y tienen toda la razón.
¿No nos esmeramos por ofrecer nuestra mejor versión cuando estamos conociendo a alguien? ¿No elegimos la ropa, las palabras, los gestos, la distancia justa, el nivel de acercamiento? Con un libro ocurre exactamente lo mismo: escribir es seducir a quien te lee.
Cuando escribes un cuento o una novela, eliges cómo presentarlo. Mides con cautela las primeras palabras que le dirás a esa persona que quieres enamorar. Decides cómo hacer que el coqueteo progrese, cómo avivar el interés del otro y, sobre todo, te reservas lo mejor para el final. La famosa guinda del pastel.
Pero ojo, porque seducir no es renunciar a lo que somos. Es elegir cómo nos mostramos frente al otro. Por eso, no es necesario disfrazar nuestra historia para gustarle a cualquiera, pero sí es importante contarla de la manera más seductora posible para cautivar a quienes podrían enamorarse de ella.
Ahora bien, ¿por qué a Hitch no le funcionan sus propios métodos?
El amor es ciego
No recuerdo cómo sigue la película, pero sí puedo decirte que a quienes escribimos nos pasa exactamente lo mismo.
Las técnicas narrativas son tan buenas como siempre, pero a veces queremos tanto nuestra obra que la damos por cautivadora, espléndida, imposible de mejorar; y decidimos ignorar sus falencias. La cercanía con nuestra obra nos deja ciegos y las técnicas de seducción fallan porque este amor nos importa demasiado.
Por suerte, existen otros Hitchs, otros expertos en seducción que en la jerga literaria se llaman editores. Me refiero a esas personas capaces de mirar tu obra sin el vínculo emocional que a ti te nubla la vista. No vienen a escribir tu libro ni a cambiarte la voz. Vienen a ayudarte a mostrar tu mejor versión para que tu texto conquiste, por fin, a los lectores de sus sueños.
¿Estás listo para empezar a seducir con tu escritura?
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Soy Paula, escritora y editora independiente. Cuéntame qué necesitas y te digo cómo puedo ayudarte. ¡Sin compromiso!
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